El que quiere estudiar el amor siempre será discípulo.
Para conseguir la más pequeña fortuna, vale más decir cuatro palabras a la querida de un rey que escribir cien volúmenes.
La verdadera amistad llega cuando el silencio entre dos parece ameno.
La gran pregunta que nunca ha sido contestada y a la cual todavía no he podido responder, a pesar de mis treinta años de investigación del alma femenina, es: ¿qué quiere una mujer?
El amigo ha de ser como el dinero, que antes de necesitarlo, se sabe el valor que tiene.
Nunca es pequeño lo que se hace por amor.
La mujer es un manjar digno de dioses, cuando no lo cocina el diablo.
La mujer adora al hombre igual que el creyente adora a Dios; pidiéndole todos los días algo.
El amor es como el sol... se oculta pero no muere.
La belleza es aún más difícil de explicar que la felicidad.