Un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones, no las ha superado nunca.
Los hombres casados son horriblemente aburridos cuando son buenos maridos, e insoportablemente presumidos cuando no lo son.
Las mujeres no miden jamás los sacrificios; ni los suyos, ni los de los demás.
Si juzgamos el amor por la mayor parte de sus efectos, se parece más al odio que a la amistad.
¿Qué es la felicidad sino el desarrollo de nuestras facultades?
El amor más fuerte y más puro no es el que sube desde la impresión, sino el que desciende desde la admiración.
Los hombres engañan más que las mujeres; las mujeres, mejor.
Las infidelidades se perdonan, pero no se olvidan jamás.
A ninguna mente bien organizada le falta sentido del humor.
El sentido del humor consiste en saber reírse de las propias desgracias.