Hay mujeres que quieren tanto a sus maridos que, para no usarlos, toman el de sus amigas.
No hay amor sin instinto sexual. El amor usa de este instinto como de una fuerza brutal, como el bergantín usa el viento.
Una mujer sería encantadora si uno pudiera caer en sus brazos sin caer en sus manos.
Es una ley inexorable en la vida de los sexos, la acción anafrodisíaca de la costumbre.
Las mujeres no miden jamás los sacrificios; ni los suyos, ni los de los demás.
A todas las mujeres les encanta y les emociona recibir cartas.
Sin la mujer, la vida es pura prosa.
Los celos cuando son furiosos, producen más crímenes que el interés y ambición.
El hombre hace suyo un lugar no sólo con el pico y la pala, sino también con lo que piensa al picar y palear.
Si exagerásemos nuestras alegrías, como hacemos con nuestras penas, nuestros problemas perderían importancia.